El presidente García contradice a la realidad


Por Roger Rumrrill


Por alguna razón, por ahora misteriosa y secreta, al presidente García se le ha dado por contradecir a la realidad maciza de los hechos y los acontecimientos que ocurren en nuestro mundo. Luego tiene que desdecirse. Borrar con una mano lo que ha escrito con la otra.

Es lo que ha ocurrido con la grave recesión económica que ahora castiga a todas las naciones del planeta. Cuando los jefes de gobiernos, los gurús de la economía, los empresarios, los políticos y la gente de a pie reclamaba medidas de emergencia para conjurar la crisis, el presidente García como una Casandra tercermundista que ha perdido la brújula contradecía la realidad afirmando triunfalistamente que “el Perú estaba blindado”, que era una “crisis de velocidad y crecimiento” y que el “Perú era el refugio seguro de los capitales que fugaban de otros lugares del mundo” y que “somos los tigres de América Latina”.

Pero un poco tardíamente y como un reflejo de esa atávica imprevisión que caracteriza a los peruanos, ha tenido que aceptar la realidad de los hechos que le han obligado a anunciar un plan anticrisis.

Igual actitud contradictoria está asumiendo el presidente García con relación al agro y el abastecimiento alimenticio en el Perú.

Las Naciones Unidas a través de la FAO y otras organizaciones nacionales e internacionales están señalando que frente a la recesión económica y los estragos que provoca el cambio climático en las cosechas agrícolas en el planeta, el monocultivo agroindustrial con alto uso de energía fósil y agua es inviable en el siglo XXI.

Que el modelo ideal es la agricultura familiar que produce para el mercado interno, que genera mayor empleo, que se adapta mejor a la crisis económica y ambiental y que consume menos energía y agua y que en el Perú abastece el 70 por ciento de nuestra demanda alimenticia.

Pero el presidente García está decidido a borrar del mapa del Perú a esta pequeña y mediana agricultura familiar que representa el 92 por ciento de los agricultores del país a través de la implementación del TLC, de la eliminación de aranceles, de hacer oídos sordos a sus demandas y de ningunearlos. Su modelo es la gran empresa agroexportadora. Por eso ahora hay más concentración de la tierra en la costa en manos de grandes empresas, la mayoría chilenas, que antes de la Reforma Agraria de Velasco en 1969.

Nuevamente el presidente está contradiciendo a la realidad. Aunque esta vez, tratándose del agro y la alimentación, un arrepentimiento tardío será trágico.