Zenón Depaz Toledo (La Primera)
Ahora, cuando un discurso monocorde pondera el crecimiento de las cifras macroeconómicas, proyectándolas mecánicamente a los años venideros, la elemental prudencia con respecto al futuro, reino de lo imprevisible, aconseja que la proyección de escenarios posibles tome en cuenta variables en juego y tendencias en curso que la mera econometría suele negligir.
Con la liberalización de la economía y las ventajas otorgadas a la inversión foránea, ésta creció desde mediados de los noventa, sobre todo en el sector extractivo y en el especulativo financiero, configurando grupos monopólicos que hoy la controlan. Coincidentemente, sobrevino un crecimiento de la demanda internacional de minerales que aumentó sus precios, tendencia que, a juzgar por algunos indicadores a la vista, bien podría decaer. Entre tanto, el empresariado nacional de mayor dinamismo fue más bien aquel emergente desde la informalidad, que creció a puro pulmón, con un Estado frecuentemente adverso. El sector oligopólico extractivo, predominantemente transnacional, que parece dictar ahora las políticas de Estado en nuestro país, tiene poco sino nulo interés en la educación superior. Para reclutar los escasos administradores y técnicos que manejen su tecnología, producida en otras partes, le basta con el remedo de universidades como son muchas de las que tenemos. Pero así no hay crecimiento sostenible alguno. No lo ha habido en ninguna parte. Lo saben en Chile, donde, teniendo universidades acreditadas y atendidas, como corresponde, por el Estado, la presidenta Bachelet ha lanzado un ambicioso programa de becas para estudios universitarios –sobre todo de posgrado– en el extranjero. Lo saben en México y Brasil, otros casos cercanos de economías en crecimiento sostenido. Lo saben también los productores nacionales más dinámicos, que sienten la necesidad de soporte tecnológico para crecer. Sólo los responsables del Estado parecen ignorarlo.
Reconforta, por ello, que más de medio millar de participantes en el CADE estudiantil cuestionaran el actual sistema educativo, reclamando impulsar la investigación y comprometiéndose a generar corrientes de opinión favorables a una profunda reforma educativa. Ojalá el gobierno y el empresariado que auspicia aquel foro escuchen este reclamo de quienes parecen tener mayor conciencia de qué factores configuran el futuro. |