Por Roger Rumrrill (Diario La Primera)
Entre 1821 y 1990 se expidieron más 18 mil leyes para el desarrollo de la Amazonía, la mayoría de ellas normas sonámbulas como las califica Francisco Ballón, el recopilador de ese inmenso bosque legal, por su carácter centralista, irreal, ignorante y manipulador del poder.
Una de estas leyes fue la 1220, la Ley de Tierras de Montaña, promulgada en 1909 por Augusto B. Leguía, que puso en venta la Amazonía bajo el supuesto de que era un espacio vacío y que sólo se podía desarrollar a través de las grandes empresas. Uno de los beneficiarios fue el Barón del Caucho, Julio César Arana del Águila, que recibió de Leguía el titulo de propiedad de 5 millones, 774 mil hectáreas en el Putumayo y sus afluentes y que fue la “manzana de la discordia” con Colombia y el origen del nefasto Tratado Salomón-Lozano de 1927.
Pero si los peruanos creíamos que leyes como la 1220 pertenecían a otro tiempo, histórico, político, social y económico, estábamos equivocados. Las leyes contenidas en el paquete llamado “Ley de la Selva”, entre ellas la 1015 y la 2133, compiten con la 1220 y el presidente García podría ser llamado el nuevo Leguía de la Amazonía.
La Ley 2133 para el otorgamiento y aprovechamiento de restingas o tierras inundables revela no sólo el pensamiento único del presidente García sobre la inversión privada, sin reglas, en manos del gran capital, como el ábrete sésamo del desarrollo, sino también la ignorancia sobre la realidad amazónica.
Probablemente adrede, la norma confunde restinga, área habitualmente no inundable, con playa y barrizal, inundables en las crecientes fluviales. La norma además, otorga concesiones sobre 100 hectáreas previa presentación de un Programa de Cultivo, y de más de 100 con un Proyecto de Inversión y Plan de Manejo.
Con estas y otras condiciones que la ley establece, más de 500 mil campesinos y bosquesinos de 2500 pueblos ribereños que ancestralmente ocupan esas playas y barrizales en la Baja Amazonía y que cultivan los productos de la canasta alimentaría amazónica, serán despojados de su principal sustento y vida.
No hay nada más aleatorio que una playa y un barrizal que la 2133 pretende concesionar indefinidamente. Felizmente también no hay nada más aleatorio y efímero que el uso y el abuso del poder omnímodo como es la práctica del presidente García. |