“Que subordinen su orgullo de competir con las hembras en la demanda del falo”

¿HOMOFOBIA POLÍTICA? ¡NO; DESMARICONIZAR LO MARICONIZADO!

Extracto del libro de Pedro Saldaña, “Conversaciones con Antauro”.

- Mayor, se habló con mucha confusión en la prensa de que los Humala eran “homofóbicos”, por lo mismo le pregunto: ¿qué piensa de los homosexuales?
- Antes que todo, quiero precisar que “fobia”, palabra extraída del latín, significa “miedo” y no “odio”. Y el etnocacerismo no tiene porqué ser, digamos “homofóbico”. ¿Miedo? i Por favor!...

- Bueno, entendámoslo como lo hace la mayoría: como “repulsión u odio” a los homosexuales; ¿qué piensa, pues, de ellos, de esa opción? ¿Acaso no manifestó usted su deseo de fusilarlos? O en todo caso, su madre sí lo dijo por TV...
- Yo siempre he sostenido, y me ratifico, que en el país existe un “amariconamiento político”, en el sentido que se evita abordar con entereza y valentía los asuntos principales de la coyuntura tanto nacional como internacional, particularmente en lo referente a Chile y a las transnacionales mineras. A decir verdad, el término “amariconamiento” no lo empleé en su sentido literal referente a la homosexualidad. Pero tampoco eludo fijar respecto a eso una posición.


. ¿Cuál?
- Aversión. Lo considero una anormalidad que involucra no solamente una “inversión” física, sino también psíquica, que quizás puede ser tolerada siempre y cuando se reserve en la intimidad, pero no cuando -por ejemplo en el Perú se dan situaciones “surrealistas”, como ver la animación televisiva casi acaparada por maricones cuyos incesantes y “orgullosos” deschaves frente a millones de espectadores, se toman en agresiones anti-heterosexuales, que si bien es cierto la población adulta puede neutralizar en su fuero interno, no sucede del todo con los niños. Si se hace memoria, hasta hace poco hubo una temporada en la que el horario “punta” de 8 PM a 10 PM, fue monopolizado por “líderes(as) de opinión” todos maricas (y no lo digo con sentido ofensivo, sino realista): Ortiz, Chabuca, Bayly, Cacho, Jacinta, etc., a tal extremo que muy bien se podía pensar, en función a la proporción de proyección demográfica de aquel “monopolio gay” de la TV criolla, que el público “nacional” sería mayoritariamente homosexual, ya que los heterosexuales (que tampoco tienen porqué “proclamarlo”) eran desproporcionadamente minoría en esa TV. Es decir, hubo un periodo -que por si acaso aún no culmina del todo- en que para que un individuo común tuviera un programa en la TV, debía ser imbécil o maricón, con la sola excepción de un Hildebrandt que era el “Bolognesi de la decencia” en el hábitat de una TV basura impuesta con la globoneoliberalización de la década (1990-2000) más infame de nuestra historia.

- ¿Pero, finalmente, es usted tolerante o intolerante con este minoritario grupo social?
- Te respondo con una “contra pregunta” que en tiempos en donde ya se dan los matrimonios gay’s, comienzan a ingresar en la agenda: ¿Estarías orgulloso de tener un yerno como marido de tu hijo? Puede ser que esa respuesta más le atañera al hijo en su libertad de opción sexual, pero la pregunta sí que atañe a la sociedad. En todo caso, que se comporten como -tú lo has reconocido- “minoritario grupo social”. No es, pues, gratuito que las religiones clasifiquen la homosexualidad (“sodomía”) como una aberración abominable, a un peldaño del “bestialismo” (sexo con animales). Por lo menos así lo enfoca el Antiguo Testamento y el Corán. También la ley incaica, según refieren los Comentarios Reales de Garcilaso y la Nueva Crónica de Huamán Poma. Y tienen fundamento: ¿Cuál es la función del acto sexual? El placer y la procreación en estrecha ligazón. Entiéndase que si el placer no existiera en aquel acto, ninguna especie duraría más de una generación. Pues bien, en la especie humana, ya en su estado civilizado, ese binomio “placer-procreación” se legítima socialmente en el esquema matrimonial en sus más diversas versiones: monogamia, poligamia, poliandría, punalúa, etc., todas en función del núcleo familiar padre(s) madre(s) que aseguren el “relevo generacional”, o sea, el futuro. Lo cual es imposible (por lo menos hasta que la ciencia logre que un varón, por más “ella” que se asuma, logre parir) en aquella aberración occidental denominada “matrimonio gay”. No le faltó, pues, razón al Ayatholla Khomeini cuando -hace un par de décadas - aludió a ese Occidente como “cultura depravada”. En nuestro caso, dado que las élites criollas se especializan en calcar y copiar, particularmente las taras europeas y norteamericanas, pues el amariconamiento les equivale a “modernidad”. Ante lo cual, puesto que implica la fractura del binomio “placer-procreación” (sumiéndose exclusivamente en un placer “contranatura”), sólo queda contrarrestar “sexoculturalmente” dicha distorsión rescatando lo “puro e intocado” -referido por Arguedas- para “desmariconizar todo lo mariconizado” del proceso contaminador de una sociedad enferma. Lo cual es parte de lo que hace un siglo lamentaba Spengler (“La Decadencia de Occidente”), que en el aspecto de la homosexualidad desarrolla Desmond Morris en su obra, el “Zoológico Humano”, cuando refiere que el incremento de la homosexualidad, así como del suicidio, son síntomas propios de “supertribus (sociedades) enfermas”; y no estoy proclamando la intolerancia ante los homosexuales, sino la necesidad de mantenerlos en la decencia e intimidad del clóset y que, por ende, que su “orgullo” (de competir con las hembras en la “demanda del falo”) lo subordinen a la tolerancia socio-heterosexual. Y encima, como “movimiento” tienen la desfachatez agresiva de pretender usurpar la bandera del Arco Iris, ¡propia de nuestra milenaria wifala tawantinsuyana! La tolerancia tiene su límite.

- A propósito de éso, trascendió en las noticias que el consejo municipal de Cusco ha convocado a una mesa redonda para examinar la posibilidad de cambiar su bandera regional -la del “arco iris”- por motivo de confusión como símbolo gay...
- Son unos reverendos tarados quienes conforman ese consejo municipal. Entonces, si -por ejemplo- los zoofílicos o los pedófilos, de la noche a la mañana se sienten orgullosos de su modus operandis sexual y adoptan una bandera, digamos, “rojiblanca”, ¿entonces los peruanos y canadienses debemos debatir el cambio del símbolo patrio?

- Sería, por supuesto, algo propio de “tarados”. Pero hay un detalle: la bandera del Cusco fue recién establecida en 1972, en cambio el llamado “movimiento gay” data de una década anterior, en el San Francisco (EE.UU.) de 1965, en donde y cuando se “oficializó” dicho símbolo.
- Que bien informado estás...

- Sin ironías, Mayor, simplemente es mi deber estar informado por mi profesión periodística, más aún por tratarse de un “tema de moda”.
- Sí pues, la intoxidentalización es tal, que hasta el arrosquetamiento es símbolo de “modernidad”. Bueno, con respecto a la bandera del arco iris o “Wifala” tawantinsuyana adoptada como bandera cusqueña, te aseguro que su oficialización en 1972 fue un mero formalismo. En realidad es una bandera milenaria adoptada por inkas y seguramente por pre-inkas. Te lo digo porque sé. Este ha sido un tema recurrido y desarrollado en los primeros años de la prensa etnocacerista, hallando que las wifalas son referidas en los keros incaicos y huacos, que si eres acucioso, hallarás en el museo de antropología de Pueblo Libre. También puedes hallar sus representaciones en ciertos cuadros de la “escuela cusqueña” de los s. XVII y XVIII. Ni hablar de las crónicas del siglo XVI que reconocen que los ejércitos incaicos usaron sus respectivos estandartes y banderas. Entonces, ante todo este historial, la enseña que debiera ser retirada sería la de los orgullosos gays. ¡Hasta resulta absurdo que una opción sexual tenga su abanderamiento!

- Me parece que su criterio no deja de ser coherente, aunque implacable... dando la impresión de cierta intolerancia, insisto; lo cual, conjugado con aquellas declaraciones de su madre durante la campaña electoral, y que fueron explotadas por la TV y demás medios alineados con el establishment, le pueden restar cierto caudal de votación, en caso opte -tal como se prevé- por la vía electoral, digamos a la presidencia de la república. ¿No le parece que debiera ser más diplomático respecto al tema de la homosexualidad?
- Respondo lo que me preguntan; y cuando opino no me inquieta “caerle bien” a la gente, sino decir la verdad. En cuanto a las declaraciones de mi madre (“vea, señor, le apuesto que si se fusila un par de homosexuales, de esos tan escandalosos que hay en las calles, verá cómo se moraliza la vía pública en un santiamén” -sic N.del A.), creo que un “aún más alto caudal de votantes” estarían de acuerdo; y si de cuantificaciones electorales se trata, pues quizás -dentro de este absurdo tema del orgullo gay- habría que efectuar encuestas y referendums con supervisión de la ONPE y observadores de la ONU... Lo que pasó -en cuanto a las declaraciones de mi madre- fue que ella efectuó un parafraseo de otra declaración mía referente a los vladigenerales; y que Caretas “promocionó” en una entrevista efectuada, creo, en el 2002: “.. .Hay dos formas de acción (F/A) para solucionar el problema de la operatividad de las fuerzas armadas; la F/A “A” y la F/A “B”. La F/A “A” costará cuatro mil o cinco mil millones de dólares: estudios comparativos, adquisión de material, entrenamiento de oficiales en el extranjero, misiones, etc. A su vez la F/A “B” costará a lo sumo 60 u 80 soles: lo que cuestan un par de cacerinas; así me fusilo un par de vladigenerales y en tres días tengo al Ejército operativo al 100%...”.

- Definitivamente que esta declaración tiene la contundencia de una declaratoria de guerra, y me parece que el recurso de los “fusilamientos” ya sea contra militares corruptos, en fin, contra la corrupción en general -en la cual gran parte del público encasilla el tema gay (“aberración”)- de alguna manera “pegó” en el imaginario social.
- Así fue y así es.